AMARGO
DESENCUENTRO
Por
Luis Buero
El
lema: “más conozco a los hombres, más
quiero a mi perro” pareciera haber hecho carne en
algunas amigas mías que cada vez que se separan de
un novio se compran un bicho. Entre todas sus mascotas se
podría armar una exposición de razas tipo
caniche toy, yorkshire, pila boliviano, chihuahua y demás
especimenes caninos de departamento. Pero para contarle
sus penas amorosas prefieren un loro barranquero que comparten,
al que le dan de comer milanesas de soja, y ensalada de
pepinos.
¿Será
el síndrome de Violet, la mascota de Los Roldán,
o sea, la transferencia psicológica (puesta en un
inocente animalito) de un vínculo afectivo humano
que se vuelve imposible de sostener, el gran escape de muchas
mujeres?
A
mí, si hay un tango que me gusta mucho por su letra
es Desencuentro, aquel que asegura desde sus versos que
en tu total fracaso de vivir, ni el tiro del final te va
a salir.
Me recuerda lo que ocurre hoy entre el hombre y la mujer,
de toda edad: un amargo desencuentro.
La
búsqueda frustrante de un varón sigue siendo
el tener, el poseer (entre todo lo que desea, obviamente,
a la mujer también).
El
sueño actual de Julieta es en cambio, el de ser.
Y la hembra, indiferente ante el reclamo masculino de estabilidad
para ser atada a un poste, implícita exigencia del
macho que la ama, absorta mira el firmamento buscando respuesta
a su única duda: ¿qué es ser una mujer,
hoy?
Romeo
se cuestiona desorientado (según las etapas de la
relación): ¿cómo la conquisto, cómo
la conservo, cómo la recupero?, y cuando ella se
levanta para ir a hacer pis al baño él le
pregunta sinceramente preocupado: “¿vas a volver?”.
Cuando
Adán conoce una Eva no sabe cómo actuar: si
la llama demasiado ella se siente invadida, si hace más
espaciadas sus invitaciones la mina se supone abandonada,
si le propone un plan de divertimento o un viaje juntos
ella tiene miedo a caer en la dependencia de ese afecto,
si en cambio él se ausenta y evita contactarse, Eva
denuncia que la han usado.
Si
él se vuelve formal y comprometido la chica se asusta,
si sólo se queda en el chateo ella desconfía,
si él demanda ser el Único la espanta, si
la deja libre la angustia, si la protege la aburre, si no
la acompaña la descuida, si la desea demasiado la
bella le reprocha que la mira como objeto, si él
no la acosa entonces es acusado de tener otra....y así
sucesivamente.
En
síntesis, amargo desencuentro. Y ella prefiere sus
mascotas antes que a los hombres porque:
1)
Cuanto más tarde llega a casa el perro Peto más
se alegra de verla y no hace preguntas.
2)
El gato Saturno no se enoja si lo llama por error con el
nombre de otro gato.
3)
A la tortuga Adelaida no le molesta que su dueña
invite a sus amigos varones y juegue con ellos en el dormitorio
mientras su novio no está.
Por
último, la cotorrita Aurora nunca le va a decir a
ella que errar es humano, pero echarle la culpa al otro.......
es más humano todavía.
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