DE MARIPOSA A ORUGA

Por Luis Buero

Si vas al cine, te sentás y comenzás a ver un film, y yo te pregunto: “¿dónde está la película?”, contestarás sin dudar: “¡está en la pantalla!”.

Pero si reflexionás un segundo te darás cuenta que la película no está en la pantalla, está en el proyector.

Todos nosotros somos proyectores de películas, y tomamos al prójimo como pantalla o espejo para intentar depositar en él algunas de nuestras más ocultas fantasías o deseos inconscientes. Esa persona que acabamos de conocer es como el terreno de un camping en el que buscamos descargar la mochila interior, y si nos deja, armar la carpa. Pero todo es una ilusión, a tal punto que yo afirmaría: “dime qué necesitas y te diré qué crees ver en tu reciente pareja”.

Entonces, la frase “me enamoré a primera vista”, no es más que la metáfora que define esa alucinación que en algo nos permite trasladar en Eva un vínculo anterior con alguien que queremos reencontrar parcialmente (mamá, papá), o la representación psíquica del ideal de pareja, que vaya a saber Dios porqué se nos instaló así en nuestra mente.

Ahora bien, las mujeres por su parte, cuando les gustamos mucho pero nos ven indiferentes, distraídos, temerosos o enganchados con otra, desatan todos sus poderes de seducción para conquistarnos. Pero en la relación con el macho invierten el proceso de la naturaleza, o sea, que no van de oruga a mariposa, sino al revés. Primero comienzan a aletear ante la presa mostrando todos su colores fulgurantes. La futura novia comienza a depilarse dos días antes del encuentro, se da baños de inmersión de una hora con sales perfumadas, se unta todo el cuerpo con cremas perfumadas, se tiñe el cabello especialmente y usa para la ocasión ropas que siempre resaltarán sus virtudes carnales.

Asimismo, si durante la cena romántica a Romeo se le escapa un “provechito”, ella sonreirá y opinará: “me parece estar escuchando el timbal de la Camerata Bariloche”. 0 si el candidato le describe durante horas las leyes del waterpolo, Julieta igual lo mirará embelesada como si el flaco estuviera recitando a Neruda. Si él es algunos años mayor, ella no lo bautizará “jovato” sino “muchacho grande” o amante “atemporal”.

Y, ya se sabe, el amor es ciego pero el matrimonio le devuelve la vista.

Una vez asegurada la presa, la mariposa se queda sin motivación y generalmente elige entre dos caminos. 0 se transforma en oruga, es decir, deja de ir a la depiladora, a la peluqueria, engorda, guarda las sales de baño para el estofado, cuyo aroma nunca más se desprende de su ropa gris y ancha, y desvaloriza las creaciones de su consorte así el chico sea el mismísimo Miguel Angel.

0 se convierte en la mariposa que nunca deja de cazar, porque siempre requiere a su alrededor un concierto de insectos que le permitan seguir soñando sus histéricos espejismos.

¿Vos decís que hay otra opción? A lo mejor, tal vez, la tuya. Lástima que no te conozco.


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