Matar
al bulbo...
Por Luis Buero
Los
hombres siempre fuimos velludos como el mono, sólo
que después de los 40 comienza a desaparecer el cabello
de la cabeza y salen para afuera indeseables pelos en la
nariz y las orejas.
Las
mujeres en cambio viven presas de la necesidad de ser lampiñas.
Mis
amigos y yo, cuando éramos chicos, creíamos
que las minas, por una cuestión natural del género,
nacían, vivían y morían sin pelos en
el cuerpo, del mismo modo en que el león porta una
larga melena y su felina pareja no. Pero a los varones esta
absurda fantasía nos dura sólo hasta que empezamos
a relacionarnos con ellas. La convivencia no nos deja ni
un pelo de zonzos.
Todo
hombre que tenga novia comprobará tarde o temprano:
1)
Que en la primera cita íntima puede ser rechazado
por ella no por ser feo sino porque la chica se olvidó
de pasar por lo de Carmen, la depiladora, pero como le da
pudor confesarlo no nos cuenta nada, y nos volvemos a casa
solos creyendo que el problema somos nosotros, y que ella
nos ve menos eróticos que una foto de Alf en camiseta.
2)
Que si él no guarda bajo llave su maquinita de afeitar
o rasuradora eléctrica las pueden encontrar desafiladas
por haber sido usadas por la dama en cuestión, para
eliminar el vello de grandes superficies femeninas y sus
subzonas insólitas, porque la chica no tenía
ganas de ir hasta el Centro de Belleza.
3)
Que si la cónyuge es de las ahorrativas le llenará
la casa de olor a lacre quemado, pues ponen a hervir unos
tachitos con ceras verdes que luego se colocan calientes
sobre sus cuerpos y se las arrancan a grito pelado. Como
la piel les queda irritada luego se colocan un gel que embadurna
todo lo que tocan, con un ligero aroma a alcanfor.
4)Que
previamente, para que la depilación sea un éxito,
esperan a que los pelos les crezcan por lo menos medio centímetro
o más, por lo que algunas cuando comentan que están
por depilarse ya parecen Saddam Husseim con peluca.
Según
la historia, el arte de depilar nació hace más
de 70 años, cuando jóvenes europeas transformaron
su piel, cambiaron el aspecto por medio de ésta,
por considerar que el vello que las recubría daba
oscuridad en la piel, los pelos se empastaban y formaban
círculos oscuros ( manchones) que deslucían
su rostro. Al retirarlos , la piel quedaba tersa, suave
y todo cuanto aplicaban sobre ella daba sensación
de luz. Así nacieron distintos tipos de productos
para lograr una buena depilación, encontraremos jaleas,
ceras, aparatos electricos de fácil manejo, etc.
Y
por si a uno no le sobraran el pulular de nuestra pareja,
hermana, cuñada o hijas hablando sobre el tema o
intercambiándose cremas, nunca falta esa suegra invasora
pero muy actualizada que trae la novedad del rayo láser
mezclado con inyecciones termoquímicas y sesiones
de cobalto, experimentadas en Africa del norte, que si no
son efectivas para el vello al menos resultan ser cancerígenas
y ya sabemos que la quimioterapia es el método más
efectivo para perder el pelo. El secreto es matar al bulbo,
dicen ellas, mientras uno piensa que si Dios nos puso vello
por algo será, y no para que se enriquezcan algunos
laboratorio, sino porque lo natural es tener pelo allí,
allí donde la cultura diga que no está mal
tener pelos.
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