AMORES DE PALIERE

Por Luis Buero

Cuando un hombre se divorcia aterriza “ligero de equipaje” en un nuevo sitio que de entrada le resulta extraño. Siente ganas de llorar y de comer, pero sabe que nadie vendrá a saciar su apetito, y para peor, comprueba que se olvidó el abrelatas en la casa de su ex.

Pero el tiempo pasa y el duelo cede, y un día el vacío monoambiente se convierte en un cálido bulín, en una guarida para el tigre que sale a buscar gacelas desprevenidas para estrenar su cuarentona adolescencia. Claro que, como todo cazador inexperto, comienza a explorar la geografía más cercana, es decir, su propio edificio. Enterado que la rubia del 5°J vive sola con su cachorrito, cada vez que la encuentra en el ascensor nuestro Romeo se presenta como la versión porteña de Ace Ventura, de pronto es más bichero que Tarzán, y la chica convencida le da la llave de su departamento....para que vaya todos los días a darle de comer al dogo argentino en celo que cría sobre el parquet, mientras ella se va con su novio de vacaciones a Groenlandia.
Luego, solícito, se ofrece a ayudar a la morocha de PB. con los canastos de ropa recién lavada que tiene que tender en el solarium del piso 53, porque en un pasillo le escuchó comentar a la joven que sufre de vértigo. Entre broche y broche nuestro héroe la invita a salir, y ella le ofrece tirarse juntos en parapente desde la terraza para curarse de golpe de su fobia a las alturas.
El administrador le contó que la del 9no. H sale a recorrer el barrio todas las mañanas. El flaco la espera para seguirla e iniciar conversación, pero lo que desconoce es que la dama hace footing recorriendo dos kilómetros alrededor del parque en diez minutos, por lo que el winner regresa solito una hora después, con un esguince de tobillo, dolor en el nervio ciático y el corazón entre las amígdalas.
Ve que el marido de la del 2do.C es marino y se despide para embarcarse por seis meses. Entonces nuestro galán de consorcio se alquila dos películas porno bien condicionadas y las pone en la casetera a todo volumen para que ella crea que es un amante latino espectacular. Pero la chica es medio sorda y cree que esos gemidos y jadeos responden a un violento ataque de asma de su vecino y llama al SAME para que vengan a buscarlo.
Como la viuda del sexto A prepara comidas para un restaurante, al solitario amante se le ocurre encargarle dos raciones diarias para tener una excusa que motive el diálogo, olvidando averiguar que la señora cocina para la cantina El Super Picante, con lo cual tres semanas después el gastroenterólogo le aconseja ver al mecánico que le regula el caño de escape a Schumacher para solucionar las inflamaciones de duodeno que lo convierten en la Apolo 12 despegando en los baños.
Nada más frustrante que andar queriendo levantarse a las vecinas, oportunidad que ellas jamás aprovecharán para mantener su imagen, ya que el amor es ciego, chicos, pero los porteros no.


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