EL
PLANETA DEBE DURAR ...MÁS DE 24 HORAS.
Por Luis Buero
Vivimos en la era de la sexualidad inhibida, pero este decaimiento
del principio del placer no es solo resultante de los arduos
conflictos de la cotidianeidad sino de siglos de represión
social de nuestras pulsiones naturales e inevitables. En
Oriente, oscuros intérpretes de ciertas religiones
obligan a las mujeres a mostrarse absolutamente tapadas
con túnicas y capuchas. En otras épocas se
les practicaba la ablación del clítoris para
suprimirles "pecaminosas sensaciones y tentaciones".
En
Occidente, como bien dice Marlon Brando en el film Apocalipsis
Now: "si bombardeas una población civil te dan
una medalla, pero si escribes la palabra fornicar en el
fuselaje de un avión, te meten preso".
Nos han criado en una cultura que promueve la abstinencia
sexual como un valor de la evolución humana, castigando
el goce con un consciente o subliminal sentimiento de culpa.
En la televisión la sexualidad siempre puede ser
sospechosa o censurable, no así la violencia extrema
que aparece en los dibujos animados japoneses, en las travesuras
insólitas de Los Tres Chiflados, en los golpes de
karate de Van Damme, y en los revólveres que vacían
sus cargadores sobre supuestos malos sin que los justicieros
sientan el menor remordimiento.
Un presidente puede perder su puesto porque una joven becaria
practicó con él sexo oral en la casa de gobierno,
pero es aplaudido cinco minutos seguidos en el parlamento
por decidir una invasión a otro país como
forma de resolver un problema, elección que costará
millones de vidas.
Un hombre común que piensa todo el día en
el buen momento sexual que pasará a la noche con
su pareja, si lo manifestara en voz alta, sería acusado
de maniático y obseso sexual. La mujer que expresara
el mismo deseo sería vista como una ninfómana,
una histérica o una cualquiera. El dios Eros, que
representa la energía de la pasión amorosa
y la fuerza fundamental engendradora del mundo, está
perdiendo por tres a cero frente al dios Tánatos
que personifica la muerte.
El instinto de vida y de conservación de la especie
está mal visto en nuestra humanidad a la que hoy,
en el siglo veintiuno, siempre "le duele la cabeza".
Por eso me causa gracia cuando nos muestran en un documental
tribus "aculturadas" que habitan zonas ocultas
del Amazonas, o están "perdidas" en alguna
selva inhóspita de África o Australia. Esos
grupos de hombres y mujeres vestidos con taparrabos, jamás
entran en guerra ni se pelean entre si; solo trabajan (pescan,
cazan) si necesitan alimentos, el resto del tiempo lo pasan
jugando, conmemorando festividades, generando obras artísticas
precarias que los representan, criando a sus hijos y por
supuesto, haciendo el amor. Nosotros en cambio cada día
deseamos que el planeta dure 24 horas más, por lo
menos, temerosos de los alcances de una tercera guerra mundial.
Si estos indígenas son los primitivos, qué
poca cosa es ser civilizados ¿no?.
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