¿No es bello tener vello?

Por Luis Buero


Cuando era chico yo estaba convencido de que las mujeres, por una cuestión natural del género, nacían, vivían y morían sin pelos en el cuerpo, del mismo modo que el león porta una larga melena y su felina pareja no. O sea, que las minas eran físicamente siempre como bebés.

Esta fantasía me duró hasta una tarde, cuando al querer comer un tostado en un bar escuché la conversación de cuatro chicas que estaban en la mesa de al lado. Las damas envidiaban a las francesas, inglesas, españolas, y brasileras, por animarse a lucir sus penachos debajo de los brazos sin pudor alguno, y se quejaban del tiempo que perdían luchando contra el crecimiento irrespetuoso de pelos sobre los labios, en las axilas, piernas y en recovecos y lugares insólitos, y discutían sobre si era mejor la rasuradora eléctrica que la maquinita de afeitar, o si era preferible hacerse aplicar el láser touch en lugar de seguir gastando dinero en cremas o calentando tachitos con olor a lacre.
El mozo que las atendía, bastante bruto el hombre, agregó sin que se lo pidan, que la mejor depilación la hacía la quimioterapia. Luego de insultarlo se pararon y se fueron asegurando que iban a rebelarse de la opresión del contexto social. De pronto, no sé porqué, imaginé que en unos días iban a parecerse a Saddam Husseim con peluca.
A mi otro costado, en otra mesa, había un par de tipos hablando de política. Yo me dije, qué suerte, lo de ellas no nos pasa a nosotros. De pronto, el más maduro derramó un par de lágrimas recordando la poca delicadeza de la depiladora que acababa de atenderlo. Según parece era una chica inexperta que con un palito de naranjo embebido en cera caliente le había arrancado el vello de la nariz y de las orejas de un tirón. Casi llorando recordó el viejo chiste que cuenta que el pelo más largo del cuerpo es el de la nariz porque cuando te lo tiran de golpe se te contrae hasta el intestino grueso. Su interlocutor en cambio le contaba que su hijo pertenece a las llamadas tribus o bandas urbanas, jóvenes que se han bautizado como Los Alternativos, copian un poco de cada grupo pero una de sus particularidades es la depilación total de las cejas ( en su reemplazo las pintan con formas variadas o se hacen tatuajes). Pero mi sorpresa fue mayor cuando nuevamente el mismo mozo entrometido les confesó que él se depilaba las zonas erógenas a pedido de su esposa, porque cuando se las miraba con pelo a ella le recordaban la cara de su psicoanalista judío.
Convencido de que todo esto es producto de modelos artificiales de belleza me disponía por fin a comer mi tostado cuando pude observar claramente que del jamón cocido surgía un largo y sinuoso pelo canoso, cuyo propietario seguramente sería el cocinero. Me dije, alguien tiene que iniciar esta resistencia a la propuesta del “Yo ideal lampiño”, lo saqué con la punta de los dedos y pues, me comí el sandwich sin chistar.


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