Acerca del perdón

Por Luis Buero

Perdón, armisticio, indulto, son lindas palabras que se vuelven etéreas cuando la víctima somos nosotros. Varones, hembras, mascotas y otros seres vivos, rara vez disculpamos el crimen, la estafa, la traición, la infidelidad, la calumnia.

Hasta el santo más distraído asegura que él absuelve pero no olvida. O como se dice vulgarmente, el que se quemó con leche cuando ve la vaca llora, y también, “errar es humano, perdonar es divino”.
Pero en el contexto social, generacional, no personal, hoy los sufridos "machos" no les perdonamos a ellas situaciones muy concretas:
· Que te dejen el auto (que les prestaste) parado en ángulo recto con un cartel de prohibido estacionar, o estrujado contra un árbol convertido en el bandoneón de Troilo, y después se enojen cuando apretás mal el pomo del dentífrico o lo dejás abierto.
· Que hayan cambiado el cucharón por el attaché, y seamos nosotros los primeros en llegar a casa a la noche y descubramos sobre la mesa la propaganda de un nuevo delivery de empanadas que se ocupó de dejarnos a la vista.
· Que tengan siempre un amigo “íntimo” que las escucha......las escucha decir las cosas que no quieren contarnos a nosotros, obvio.
· Que tengan como íconos de la post-modernidad a las protagonistas de la serie Sex In The City, olvidándose que esas chicas andan de cama en cama en cada episodio porque están buscando al hombre ideal que, por supuesto, nuestras novias ya encontraron en nosotros.
· Que aunque seamos como Piñón Fijo a la mañana, como Bill Cristal a la tarde y como el Marqués de Sade a la noche, ella siempre diga que está un poco aburrida.
· Que al mirar un film con Tom Cruise o un partido de fútbol donde juega Beckham griten: “¡Que fuerte que está este pibe! ¿cómo hace para ser cada día más lindo?!” y después nos trepanen el codo de un pellizco porque supuestamente le miramos el busto a una chica que cruzaba la calle, desde la ventanilla de un Boeing 747.
· Que actúen como si sus hijos fueran su propiedad privada, especialmente después del divorcio, a los que les aseguran que papá es un buen hombre pero mejor que no toque el timbre para venir a buscarlos, que los espere directamente en la esquina.
· Que hagan permanentemente lo que se les canta el trasero pero cada tanto lagrimeen asegurando que son unas sometidas y nadie las comprende.
· Que nos digan que somos el “hombre de su vida” pero después se la pasan hablando de todos los tipos que conocen (compañeros de trabajo, estudio, gimnasio), contándonos sus virtudes con una sonrisa de oreja a oreja.
· Que inevitablemente tengan un padre o una madre que nos vean como la peor (y la más incomprensible) elección de la nena y estén esperando que algún oncólogo nos pronostique tres meses de vida.

Las mujeres en cambio son más sencillas y directas. Hay un solo defecto que ellas no nos perdonan, a lo largo de la vida: que no tengamos plata. Toda la plata que ellas desearían gastar.


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