SOMOS
UNOS GILES
Por
Luis Buero
Cuando decimos mujer en realidad estamos codificando lo
innombrable. Cada hombre al escuchar esa palabra imagina
algo distinto, según viva en un pueblito o en la
gran urbe, o tenga siete, veinticinco o setenta años,
sea soltero, casado, dinamarqués o japonés,
streapper o talibán.
Las minas no son iguales antes que después de cumplir
los 30, tener o no hijos, poseer mucha plata o sólo
demasiadas fantasías.
Sin
embargo hay una nueva clase de mujeres que vienen “matando
caballos”, llevándose la vida por delante,
sin importarles nada de nada. Y en ese grupo entran distintas
edades de la misma especie.
Los
que ya pasamos la edad de merecer nos creemos ilusoriamente
que estamos disponibles en toda vidriera porque a diferencia
de nuestros padres y abuelos, conocemos hasta el último
video-clip y hasta es posible que nos hagamos insertar un
arito en la nariz.
Para
mi viejo sólo existía Troilo y no entendía
cómo los adolescentes se enardecían ante unos
melenudos que hacían sonar como cacerolas sus guitarras
eléctricas. Mi generación, en cambio, comparte
con sus hijos la nostalgia por Queen, va con ellos a los
recitales de Metallica y nunca falta un pendeviejo desubicado
que le use la moto o la remera al primogénito sin
avisarle.
Esta
apertura permanente hacia lo nuevo le hace creer ilusoriamente
al tipo que puede tener una historia romántica con
una piba de las nuevas camadas, o a una divorciada eternamente
hippie, porque a veces, y es cierto, él sabe más
de rock y de nuevas tendencias que cualquiera.
Pero
hay un pequeño detalle. Cuando un hombre de antes
se enamora de veras y confiesa “te quiero mucho”,
está comunicando a su pareja que si ella necesita
que él le done un riñón, ya está
corriendo a buscar un nefrólogo de turno, mientras
que cuando la chica, o la nueva madurita, le contesta, “y
yo te amo”, le está informando que seguirá
siendo la novia de él, siempre y cuando a él
no le moleste que ella se vaya sola de vacaciones o a bailar
con sus amigas, en cuyo caso lo dejará inmediatamente.
“¡Ah,
entonces no te ama!” exclama ese amigo del macho que
nunca falta para gritar verdades que nadie quiere oir. Pero
se equivoca. Ella sí lo ama, pero lo ama como pueden
amar ellas en el 2004.
Lo
que los giles como yo se olvidan es que entre los sesenta
y el 2004 ocurrió algo peor que el paso del cometa
Halley por segunda vez, y es la llamada Era del Vacío.
Sino Gilles Lipovetsky hubiera escrito alguna nueva biografia
de Maradona o algun tratado de cocina naturista y hubiera
ganado más plata. Pero en cambio textualmente se
refirió al exceso de individualismo, y yo creo que
esa nueva mujer de hoy maneja su existencia a la carta,
con nuevas actitudes: apatía, indiferencia, deserción,
el principio de seducción sustituyendo al principio
de convicción, y nueva organización de la
personalidad: narcisismo extremo. En síntesis, yo,
yo , yo, yo, y después, si me conviene, vos.
 |
Volver |