ELLAS RIEGAN A OTELO

Por Luis Buero

Otelo conoce a Desdémona, pasean, se enamoran.

Desdémona durante una velada romántica en un restaurante con flores y velas, le confiesa que siempre quiso conocer un hombre como él, y que pasó mucho tiempo sola cambiando de posición la estatuilla de San Antonio que guardaba en el placard, para ver si se producía el milagro.

0telo se convence: “para ella soy el Unico”.

Pero de pronto son interrumpidos por la voz de un hombre que la requiere desde el radio de su celular. “Ah, ese es Walter, un amigo con el que nos juntamos siempre”, aclara sonriendo Desdémona. Y ya en su departamento, al regresar de esa cena, ella tiene varios mensajes grabados en el contestador. “Ah, son Sebastián, Franco y Raulito invitándome al cine, a bailar, a hacer un viaje al exterior”. Mirándolo fijo completa el golpe bajo: “si vos mañana estas ocupado salgo con alguno de ellos”, mientras intenta darle un beso tranquilizador en la comisura de los labios.

¿ Y todo ese discurso que me hizo sobre su tremenda soledad? , se pregunta Otelo.

Ahí se acaba su paz. Los celos tienen que ver inevitablemente con la aparición de un tercero. La Psicología enseña que al abandonar el mundo paradisíaco del útero, y nacer, adquirimos dos ansiedades básicas que nos acompañarán toda la vida: el miedo al ataque y el miedo a la pérdida. El niño igualmente desarrolla una relación idílica con su nuevo objeto de deseo, la madre, de la que él cree que forma parte, hasta que descubre que hay otro varón que los separa pues tiene más poder que él sobre ella: el padre, ese gigante que cada tanto se la lleva para la otra pieza, y luego, como si esto fuera poco, ¡qué triste sorpresa le regala el destino el día que descubre un hermano (otro intruso) prendido de la teta de esa amada mujer.

En ese instante, su narcisismo duramente herido debería enseñarle que no hay garantías de exclusividad, que él no puede dominar las acciones de ella y lo que es peor, que no tiene forma de manejar su deseo.

Otelo descubre que no puede evitar que Desdémona en el subte, en el club, en el shopping, en un aula, vea de pronto a otro, se derrita su cerebro como el Perito Moreno y se enamore. Se siente vulnerable, excluido. Necesita urgente terapia.

Pero ¿cómo curar de una gripe a quien vive en el Polo Norte? ¿Cómo aminorar el obsesivo pánico de Otelo al abandono, si tiene que convivir con una Desdémona que defiende el estilo “hago lo que quiero, cuando, dónde y cómo se me canta” y le importa un pito lo que le pase al Otro?

Una Desdémona cosmopolita que enciende la antorcha de la libertad absoluta sin indagar que su propia histeria es la que la lleva a tomar y abandonar a los tipos como a muñecos, en la medida en que obteniéndolos ya se ha extinguido su deseo. Por lo tanto no puede quejarse de los celos que ella misma aviva, conscientemente, a fin de que la pareja real, adulta, constructora, creadora, no se forme nunca.


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