INQUIETANTE
DESEO FEMENINO
Por
Luis Buero
La
cultura en la que vivimos hace que los hombres vivamos convencidos
de que para enamorar y tener siempre ardientes a nuestro
a lado a una mujer debemos cumplir en forma generosa con
la provisión de las cinco "p" supuestamente
fundamentales para ellas:
Léase buena presencia física, poseer un abundante
patrimonio, contar
naturalmente con un generoso pene, experimentar una sincera
y bucólica
paciencia ante su histeria inevitable y ejercer una actitud
paternal ante
sus necesidades de protección infantiles.
Eso, pues, desde la idiosincrasia masculina que cumple así
con la creación
de un mundo "homeostático" en el cuál
toda mujer supuestamente se
acomodará feliz como gato en el almohadón,
a fin de no tener que
experimentar ningún registro de carencia.
Claro que ese hombre ideal no es fácil de hallar,
pero si existiera ¿igual
le meterían los cuernos?
En el ciclo televisivo Resistiré, una chica muy joven
que tiene como padre y hermano a los personajes interpretados
por Hugo Arana y Pablo Echarri, inicia un romance de gran
intensidad erótica con su jefe o gerente, al cuál
le advierte en una escena, mientras lo besa con pasión,
que ella tiene novio, y que ese novio es el hombre de su
vida, que no se confunda, que con él es "otra
cosa".
Dos películas, entre tantas, se acercaron en los
últimos tiempos al tema
del inquietante deseo femenino (inquietante para nosotros,
los hombres,
inventores de la masculina razón, el pensamiento
lógico y la ciencia
aristotélica, siempre convencidos de que todo efecto
responde a una causa).
Esos films son: OJOS BIEN CERRADOS e INFIDELIDAD.
En esas dos historias , dos mujeres distintas (una casada
con el buen mozo
de Tom Cruise y la otra con el sexy Richard Gere, ambos
profesionales
exitosos en la ficción también) manifiestan
sentir la pulsión irrefrenable
de acostarse con otro que nada hizo para conseguirlas y
que no tiene ninguna virtud en especial (¿una vez
en sus vidas? ¿Varias? ¿Todos los días?
¿A cada minuto?) con la diferencia argumental entre
esas dos obras, dadas en que en el primer caso la esposa
solo confiesa su deseo por otro hombre y un sueño
no cumplidos, pero en el pasado, y en la otra película,
la fantasía se hace realidad. En los dos casos las
dos señoras afirmaban amar sinceramente a sus maridos......pero
deseaban a otro.
Se trata pues de dos matrimonios felices, sin desavenencias,
con hijos
amados y ausencia total de problemas económicos ni
familiares o de salud. Es decir, una vida perfecta, una
familia soñada. Pero.....¿soñada por
quién, para quién, en relación a parámetros
establecidos por quién ?.
En OJOS BIEN CERRADOS, la última realización
de Stanley Kubrick, Nicole Kidman protagoniza a una señora
de su casa que en una fiesta conoce a un dandy maduro que
la galantea, y ella se siente turbada por esta situación.
Al comentárselo al anochecer del día siguiente
a su esposo, éste muy seguro le responde que sabía
que ella no iba a acceder a ese libertino porque la conoce
y sabe que ella no es de esa clase de mujeres, ya que es
su esposa, la madre de su hija, entonces ella ríe
a carcajadas, evidentemente angustiada, y le cuenta que
un año antes, en un viaje en barco que hicieron los
tres, ellos y su pequeña niña, ella conoció
un marino que era también pasajero, y aunque nunca
intercambió palabras con el mismo, no podía
dejar de pensar en él. Desde el discurso asegura
que de haber él intentado tener un romance con ella,
ella hubiera aceptado y dejado todo lo que tenía.
Y que sin embargo, ese era el momento en el que más
lo quería a su esposo. La película sigue narrando
entonces qué le sucede a él con esta insospechada
confesión , que insólitamente lo mueve a intentar
una infidelidad real a toda costa como venganza. En la película
INFIDELIDAD la dama choca en la calle con un joven de aspecto
cotidiano, con el que terminará, tarde o temprano,
haciendo el amor en su departamento y engañando a
su marido, personificado por Richard Gere.
A todo hombre le ha pasado alguna vez, ya sea apuesto o
más feo que el
lagarto Juancho, que una mujer casada o con novio, se le
tire un lance.
Si la chica es muy joven, como la actriz de la telenovela
de Telefe que
menciono, nos sorprende porque apenas le preguntamos nos
cuenta que no se lleva mal con el novio, es más,
nos informa que los dos ya tienen fecha fijada de casamiento,
y cuando en la vida real conocemos al pibe,
descubrimos en él a un galancete de primera, de esos
que le quitarían el
puesto a Bradd Pitt en cinco segundos si lo viera Martín
Scorcese. Y si se trata de una señora madura la que
nos quiere llevar al lecho, tambíen nos deja con
la boca abierta cuando nos asegura serenamente que no riñe
casi nunca con el marido, sino que por el contrario lo ama
y tiene una relación fogosa con él, el cual
pese al paso del tiempo no ha perdido la costumbre de llevarle
el desayuno a la cama, todos los días, con una rosa
roja fresca.
Aquello de "hace años que no nos hablamos",
"dormimos en camas o
habitaciones separadas", "estoy con él
porque no me animo a separarme", no aparece en su relato.
Ante una situación así, muchos hombres hacen
"palo y a la bolsa" y no se
preguntan porqué la Providencia les regala ese bocado
de lomo sin haber
hecho nada para merecerlo. Actúan como ese afortunado
caminante que encontró una billetera perdida en el
piso, abultada por el sueldo que un pobre infortunado acababa
de cobrar y le dan curso al dinero sin el menor
sentimiento de culpa o reflexión.
0tros, los que inútilmente analizamos todo y buscamos
entender los porqués de cada cosa tendemos a preguntarle
a la bella que insólitamente nos elige como amantes,
a qué se debe su generosa actitud hacia nuestra simplísima
y mortal existencia, ya que no somos famosos ni tenemos
plata ni belleza ni popularidad de bien dotados físicamente.
No cumplimos con ninguna de las necesarias "pes".
Ella difícilmente nos de una respuesta.
Pero lo que verdaderamente nos angustia de su postura, a
unos u a otros, es esa declaración de que tienen
una buena relación con sus parejas, de que él,
el otro en cuestión, ése que mañana
podríamos ser nosotros mismos, está haciendo
las cosas bien, y sin embargo le están por meter
los cuernos sin piedad.
Y ese deseo femenino imprevisto hacia nosotros, lejos de
ser un regalo del
cielo, termina convirtiéndose en una insoportable
sensación de que no hay
certezas ni garantías.
Y es alli cuando empezamos a reflexionar que la manera de
ser hombre o ser mujer son hechos del lenguaje, una función
simbólica, una construcción
cultural, un rol social, que trata de cumplir en cada caso
con los esperable
para el género.
Nosotros los humanos, mujeres y hombres, somos animales
dentro de la escala zoológica, pero una clase de
animales muy particulares, puesto que no estamos gobernados
por el instinto, sino por eso que Freud descubre como "pulsión",
y a partir de la cual todas nuestras necesidades se articulan
al goce. Somos animales simbólicos que se angustian,
atravesados por el enguaje que nos preexiste, buscadores
inclaudicables de goce movidos por el deseo. Un deseo que
no siempre se satisface con los socialmente esperable, un
deseo además, que a veces "no desea satisfacerse".
Esto tiene consecuencias fundamentales en todos los actos
de nuestra finita existencia, ya que vivir constituye una
ininterrumpida toma de decisiones, y cada una de nuestras
elecciones estarán influidas por nuestra exclusiva
manera de desear y de gozar, y a esta situación no
escapa la elección de nuestro objeto de amor, de
nuestra pareja.
Y es así, que como seres únicos e irrepetibles,
del mismo modo son únicas y propias las características
que determinan nuestro goce y nuestro deseo.
Esto evidencia que somos distintos, diferentes, irremediablemente,
los unos de los otros.
Esto de las diferencias es un concepto muy caro a la cultura
y representa
uno de los aspectos primordiales de su permanente "mal-estar".
Pensemos
solamente en los exterminios y guerras motivadas por diferencias
religiosas, étnicas, ideológicas, económicas,
etc., y cuyo propósito no es otro que eliminar lo
diferente, suprimir la diferencia, hacer desaparecer lo
particular y lo individual, en tanto esto siempre constituye
un peligro latente contra el orden establecido, las instituciones
que lo aplican y controlan y los sistemas que lo sostienen.
La diferencia pone de manifiesto que algo falta, y la falta
se hace
insoportable, y de alguna manera hay que velarla o acallar
aquello que la
denuncia. Lo femenino, encarnado en la mujer, es el paradigma
de lo diverso, lo altero, lo héteros, que cuestiona
el ordenamiento fálico del mundo (¿masculino?).
La mujer de hoy , a sabiendas o involuntariamente, se hace
popó en algún momento de su vida en la corsetería
cultural que le han impuesto, y cuando todo parece perfecto,
cuando su tensión interna debería llegar a
un equilibrio permanente, la tan nombrada homeostasis, aparece
el incómodo deseo.
De allí, que lo femenino tanto como el deseo, emergen
como "inquietantes", aquello que pone en duda
todo saber, toda certeza, toda garantía.
La pareja, la del amor, es la unión imposible de
lo diferente con la ilusión
de completud unificadora, y allí convergen el deseo,
lo femenino y lo
masculino. Imaginen entonces, la complejidad que supone
este encuentro. Pero hay algunas "pes" que el
hombre ya no puede canjear con la mujer, dándoles
as suyas por las que ellas podría ofrecerle. Lo perdurable,
lo previsible, ya no pertenecen a lo femenino. Durante siglos
y siglos ella ha sido maniatada por los hombres para que
pueda brindarle estas dos "p" aún a costa
de su vida, si era necesario. Pero ahora la sociedad machista
se hunde
irremediablemente como el Titanic, hace agua por todos lados.
Y Eva, cada día, pacientemente vuelve a lustrar la
manzana para lograr,
incluso contra su voluntad y a costa de su propia angustia,
interrumpir la
siesta eterna del desorientado Adán, ese héroe
de historietas que ya nadie
lee, y que a veces se duerme con un ojo abierto, vigilando
absurdamente
que no pase lo inevitable.
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