Comentarios
sobre el libro de edición gráfica "HISTORIA
DE LA TV ARGENTINA CONTADA POR SUS PROTAGONISTAS, 1951-95"
Publicado en 1999 por la Univ. de Morón
Premio especial APTRA en la entrega de los Martin Fierro
de ese año. |
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Diario
Página 12
Una historia de la caja boba en la Argentina
Perdona nuestros PECADOS
La
primera persona en salir al aire en la televisión
argentina fue Eva Perón. Desde ese día pasaron
48 años y el libro Historia de la televisión
argentina contada por sus protagonistas de Luis Buero sirve
para reconstruir algunos de los grandes momentos que viene
brindando la pantalla vernácula: actores anotando
la letra en el decorado, cámaras que siguen transmitiendo
porque alguien se olvida de apagarlas y galanes que salen
por la ventana porque la puerta está tapiada. Por
DOLORES GRAÑA
Está sobradamente probado que cuando usted le exige
al espectador un esfuerzo de atención fuera de lo
común, ese hombre lo deja a usted plantado. La televisión
es un medio masivo, y las preferencias de la masa son las
que marcan la pauta”. El acertado ejercicio de futurología
pertenece a Goar Mestre, el pope cubano de la televisión
argentina, en el libro TV Guía Negra, de Sylvina
Walger y Carlos Ulanovsky editado hace veinticinco años.
La historia de la televisión parece ser, entonces,
el intento incesante por satisfacer dos conceptos teóricos
tan vagos como “períodos de atención
aceptables” y “preferencias de la masa”.
Y esto parece ser así desde el principio, cuando
desafortunadamente el 22 de marzo de 1935 la cara de Adolf
Hitler se convirtió en la primera imagen televisada
de la historia.En
la Argentina, Jaime Yankelevich logró convencer a
Perón de las virtudes de importar la televisión
gracias a Evita, quien exclamó luego de escuchar
un largo rato sobre los nuevos equipos que traerían
de los Estados Unidos: “Sí, sí, todo
muy lindo pero yo lo que quiero es que televisen el acto”.
En sólo diecinueve días se instaló
una antena de 42kw sobre el tanque del Ministerio de Obras
y Servicios Públicos y fueron acondicionados los
estudios de Ayacucho y Posadas, al costo sideral de 15 millones
de pesos. El acto del Día de la Lealtad se convirtió
en la primera transmisión oficial argentina y la
cara de Evita, en la primera imagen. El 4 de noviembre se
inauguró LS82TV Radio Belgrano-Canal 7, que emitía
en el horario de 14.30 a 19.30. Esas imágenes se
perdieron para siempre porque el videotape aún no
se había inventado. Pero la competencia apareció
enseguida: el 9 de junio de 1960 comenzaba Canal 9, el 1-o
de octubre lo hacía Canal 13, el 11 lo haría
el 21 de julio de 1961 y, Canal 2, el 25 de junio de 1966.
En su libro Historia de la televisión argentina contada
por sus protagonistas, Luis Buero recopila (en forma por
demás desprolija, debería aclararse) anécdotas
de los más destacados directores, autores, actores
y técnicos desde el principio de las transmisiones
hasta 1996. Entonces desde aquí, algunos de los momentos
más argentinos de la televisión.
EL
SHOW DEL CLIO Julio Bringuer Ayala fue el locutor encargado
de relatar el acto del 17 de octubre, y luego se convirtió
en el conductor de la mítica Justa del saber. Como
casi todo el plantel de Canal 7, provenía de Radio
Belgrano, propiedad de Jaime Yanquelevich que, comenta Ayala,
“tenía tanta desesperación por conseguir
publicidad que le dijo a Daniel Luro, el jefe del informativo
de Radio Belgrano, que le inventara un aviso para el día
siguiente, 18 de octubre. Entonces, segundos antes de comenzar
el primer noticiero de la historia, Luro dijo: Me duele
mucho la cabeza, antes de empezar el noticiero me voy a
tomar un Geniol. Se lo tomó y afirmó: Ahora
sí que me siento bien. Ese fue el primer aviso de
la TV y al rato apareció Uvasal”. Casi todos
los programas de los primeros años estaban auspiciados
por alguna empresa, ya que las agencias de publicidad sostenían
con auspiciantes los exorbitantes costos de la programación.
Maurice Jouvet explica que, en el principio, “lo más
divertido era observar la cara de un actor cuando se olvidaba
la letra. Como cuando Fernando Siro tuvo que decir un largo
parlamento y se le hizo una laguna, por lo que le espetó
a un tercer actor: Cuéntele usted, por favor”.
Claro que las cosas a veces no fueron tan graciosas: “El
animador Osvaldo Domecq tenía que presentar la primera
emisión del promocionadísimo Casino Philips,
uno de los primeros programas de variedades. Pero se puso
tan nervioso que arrancó con un ¡Aquí
comienza...Casino Philco!, que era su principal competidora.
El tipo nunca más volvió a aparecer en televisión”.EL
ENEMIGO NUMERO UNO El rubro utilería-escenografía
de la televisión argentina es motivo de más
de un memorable e involuntario gag: puertas de calle sin
cerradura o que se abren aun estando con llave, paredes
quetiemblan, sospechosas cocinas de plástico, revólveres
símil Bronco, dudosas ambientaciones de época
y así hasta el infinito. Pero, aunque el público
no lo crea, las cosas han mejorado mucho desde los comienzos.
En caso de duda, remitirse a la insalubre tarea de Pancho
Guerrero, director de Departamento Quinto Piso: “Un
matrimonio joven estaba separándose. Durante el diálogo
final, en un living con balcón a la calle, él
le dice de manera muy dramática: Mirá, querida,
cuando yo salga por esa puerta, no volveré a entrar
jamás. Cuando el actor intentó salir, notó
que la puerta estaba clavada. El, en su desesperación,
vuelve a la mujer y le repite, ceremonioso: Mirá
que cuando yo salga por esa puerta no volveré jamás,
pensalo por favor, tratando de darle tiempo a los utileros
para que solucionaran el problema. Pero al querer salir
por segunda vez, la puerta seguía clavada. Finalmente,
como íbamos en vivo y no podíamos cortar,
dijo Bueno, no nos vemos más y se tiró por
el balcón”.
La televisión en vivo perfeccionaba ese estilo tan
escolar y argentino de recordar las cosas que es copiarse
usando “machetes”. Recuerda Nelly Beltrán:
“Con Osvaldo Pacheco siempre jugábamos a escribir
la letra en algún lugar del decorado o de la utilería.
Un día habíamos anotado los bocadillos en
un par de columnas de la escenografía, pero mientras
nos retocaban el maquillaje, al director le pareció
que estaban sucias y las mandó a pintar de nuevo.
Al regresar, salimos al aire, en vivo, y se nos caían
las lágrimas porque tuvimos que inventar una escena
de diez minutos. Algo así pasó cuando anoté
parte del libreto en el fondo de un plato. Cuando sirvieron
caldo caliente, las oraciones empezaron a disolverse, y
yo le gritaba bajito que se apurara con el parlamento porque
se me escapaba, literalmente, la letra”.
UN MOMENTO DE MEDITACION La tradición de cerrar el
día con un sacerdote católico comenzó
casi inmediatamente, iniciando una tediosa costumbre que
llegó hasta la genial parodia de Peperino Pómoro
en Cha cha cha. Sin embargo, lo gracioso en los comienzos
no tenía segundas intenciones, como explica Jorge
Palaz, director de Historia de jóvenes, Crecer con
papá y Buscavidas: “En el viejo Canal 7, el
director Chocho Domínguez tenía a su cargo
el cierre de transmisión con las palabras de un sacerdote
al que habíamos bautizado el Padre Click, precisamente
porque cuando decía Buenas noches, hijos apagábamos
todo. Pero esa noche Chocho se quedó dormido y cuando
el Padre Click dio las buenas noches la cámara no
se apagaba. Pasó un rato y el cura se empezó
a poner nervioso, así que hizo un rato de tiempo
con la bendición, después hizo señas
de que cortaran y seguía sin pasar nada, así
que se mandó a mudar. Y la cámara siguió
transmitiendo la escenografía vacía hasta
que el director finalmente se despertó”.
EL
DIRECTOR SIEMPRE TIENE LA RAZON Los primeros realizadores
integrales de la televisión tenían uno de
los trabajos más difíciles, ya que ir en vivo
no permitía cometer ningún error en las transmisiones.
Lo que, por supuesto, los convertía por lo general
en personas bastante alteradas, como recuerda Samuel Yankelevich,
hijo de Jaime: “Enrique Susini dirigía desde
el piso y un día, revisando todo antes de la salida
al aire, miró la pantalla y empezó a gritar
como loco: ¿Quién es el animal que está
delante de la cámara? ¡Que salga inmediatamente
o lo despido!. Los camarógrafos se miraron y contestaron
tímidamente: Es usted, señor director”.
Mario Santa Cruz, el productor de Sin marido, Una voz en
el teléfono y El hombre que volvió de la muerte
confiesa que “En División Homicidios, teníamos
asesoramiento permanente de la Policía Federal. Un
día, en plena grabación, el director Martín
Clutet comenzó a interrogar a un desconocido que
observaba seriamente las escenas. Clutet le preguntaba detalles
de la marcación del cadáver en el piso, huellas
y otros aspectos que debían integrar un diálogo
para hacerlo real. El tipo contestaba todo hasta que frente
a una pregunta muy sencilla le dijo que no tenía
idea. Extrañado,Clutet se preguntó cómo
era posible que no lo supiera. El tipo era un extra”.
SOMOS
EL MAÑANA DEL MUNDO Silvio Soldán cuenta el
principio de un mito: “Feliz Domingo comenzó
como un programa para adultos, con la conducción
de Orlando Marconi y la producción de Gerardo Sofovich.
Al cabo de un tiempo Gerardo se va y me llaman a mí
para ocuparme de la parte más cultural del programa,
porque a Orlando no le gustaban las preguntas y respuestas.
Un día, la tranquilidad del estudio se ve conmovida
por la entrada de una veintena de pibes haciendo una batahola
impresionante. En ese momento entregábamos un auto
usado como premio mayor, con un método parecido al
actual: había una bandeja con llaves para los finalistas,
que elegían una y el que abría la puerta se
llevaba el coche. Al domingo siguiente vinieron dos colegios
e hicieron más lío que los anteriores. Entonces
Orlando decidió hablar con los chicos para preguntarles
por qué habían venido. Y ellos respondieron
Queremos sacarnos el auto, así hacemos una rifa,
lo sorteamos y con eso nos vamos a Bariloche. Nos dimos
cuenta que ellos le daban mucha energía al programa,
así que dejamos a los vejestorios de lado y así
empezó Feliz Domingo para la juventud”.
LA
MUERTE EN DIRECTO Un ejemplo del todopoderoso dominio que
la televisión tiene sobre el destino de sus criaturas
corre por cuenta de Sergio Vainman, ahora divorciado de
Jorge Maestro, con quien formó una mítica
pareja de guionistas: “Hace muchos años nos
hicimos cargo de una novela que, por error de producción
o del autor anterior, tenía un exceso de personajes
y no cerraban los números. Como el programa debía
seguir, se nos pidió que, a partir de cierto capítulo
en que vencían los contratos de los actores, redujéramos
la cantidad de personajes. Inventamos un viaje y subimos
a los dieciséis personajes a un avión que
caía en medio del Atlántico. No iba a haber
sobrevivientes. Pero mientras estábamos chequeando
la grabación, vimos que uno de los actores eliminados
nos interesaba. Así que creamos una escala previa
y pusimos que se había bajado junto a la novia. El
actor era Osvaldo Laport”.
Rómulo
Berruti, por su parte, relata un engorroso incidente que
ocurrió cuando se disponía a comenzar su columna
de tres minutos en el noticiero de ATC: “De pronto
un asistente se tiró al piso, mostrándome
un cartel que decía: Murió Sandrini. Yo pedí
disculpas al público por interrumpir mi comentario,
anuncié el lamentable suceso y comencé a hacer
la necrológica. De pronto el asistente volvió
a tirarse al piso con otro cartelón en donde se leía
No murió. No tuve más remedio que parar de
nuevo y aclarar que Sandrini no había muerto, mostrando
los cables de agencias para demostrar que el error no era
mío. Me despedí de don Luis deseándole
lo mejor”.
NACE
UNA ESTRELLA Ulises Barrera comenzó a trabajar como
periodista en la televisión en 1954, conduciendo
un programa que se llamaba Reportajes Sensacionales: “Un
día estaba hablando con Mario Faig, el gerente artístico
de Canal 7, y de pronto entra un flaquito muy nervioso,
cara de pillo, con cabellera poblada y le dice con voz impostada:
Señor jefe, vengo a mostrarle cartones. Yo no soy
un cartón, pero nuestra vida son los cartones. El
jefe le responde: Bueno, hablá, pero te vas enseguida
que estoy sosteniendo una conversación. Entonces
el tipo le muestra los cartones, Mario Faig le hace una
corrección, y cuando se está yendo, vuelve
sobre sus pasos y le pregunta: Si usted me autoriza, señor,
me voy al New House a hacerme la croquignole y vengo, si
usted me lo permite, por supuesto. Así conocí
a Alberto Olmedo”.
OBRAS BREVES DE TEATRO: luis-buero.blogspot.com
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